El equilibrio en la justicia
Ayer murió el magistrado D. Roberto García Calvo. Era, según nos muestran ahora, un magistrado de los “conservadores”. Por la tarde, al filo de la noche, navegué por la televisión (ahora se llama hacer zapping) y me topé con el canal de noticas de TVE, el de 24 horas. Lo que oí o leí me dejó de piedra: “se rompe el equilibrio entre conservadores y progresistas”.
El equilibrio en la justicia no se ha roto por esto. Quién violó a la justicia fue el PSOE, sobre todo a partir de la declaración de intenciones del ínclito Alfonso Guerra: “Montesquieu ha muerto”. A partir de entonces el PSOE se ha dedicado a violar los principios de la justicia, poniéndola a su favor. Como todo en el ámbito político: educación, cultura, etc.; no hay más que ver lo que se cuece en la SGAE, la aparición de intelectualoides y cultorofiloides que pululan alrededor del PSOE para darle el apoyo. ¡Hasta argentinos!
Centrémonos en la justicia. Ya he dicho aquí en otro post que no creo en la justicia en España. No creo por que, en esencia, está politizada. No digo sólo que los grandes órganos de la justicia estén politizados (Delapega ejemplarizó esto en su bronca a la presidenta del Tribunal Constitucional); digo también que las leyes están politizadas. En el primer punto, no hay más que ver la aparición de grupúsculos como Jueces para la Democracia (¡Ah! ¿Los otros jueces no son para la democracia?) u otros lobbies de poder que lo que hacen es servir a los partidos políticos, situando a sus adláteres en puestos de responsabilidad. El segundo punto es el más grave: los gobiernos (socialistas, claro) en materia de justicia legislan para subordinar el poder judicial a su voluntad. ¿Que hace falta que la composición del Tribunal Constitucional sea más favorable a los socialprogres? Pues si no se puede hacer por la vía normal, se cambia la ley. ¿Que hay que adecuar la filación de ciertos magistrados en puestos de responsabilidad como la Audiencia Nacional? Pues se saca una norma para expulsarlos. ¿Que no se puede? Pues se les recusa. Es la norma en el PSOE: mientras que el PP negocia, ellos imponen.
El problema es que esto ya está tan enquistado que es imposible limpiarlo. Es como los sindicatos en Argentina: es tan difícil erradicar su poder que no se le puede combatir y lo que se hace es intentar dominarlo. El problema de la justicia es que la vuelta a un sistema normal, donde las ideologías estén fuera del ámbito decisorio, donde se produzca una separación real (sí, real) del resto de poderes, es imposible. Una falacia. Habría que echar a la mayoría de los jueces y poner a otros. Y esto requiere que el gobierno, el bueno, el de verdad y no esta chapuza que tenemos, imponga una catarsis. Y eso es imposible. Por que todos, de alguna forma, lo que quieren es domeñar a la justicia.

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