La monarquía republicana
Un amigo mío dice que la palabra monarquía significa “el gobierno de los mejores” y que por eso él es monárquico, siempre que reine él, que dice ser el mejor. Sin embargo, no es así. Etimológicamente, la palabra monarquía significa gobierno de uno solo (de mono y archos).
Hasta hace unos años era monárquico empedernido; creía que la monarquía ha hecho mucho por España recientemente. Me gusta la historia, y he leído de grandes reyes en España. A mi me gustan, especialmente, Carlos V - aunque reconozco la ruina donde nos metió -, Felipe II y luego Carlos III. Pero también de reyes absolutamente deplorables: Fernando VII es un ejemplo claro.
Sin embargo, en los últimos años he cambiado mi opinión. Primero por la ristra de personajes que se han adherido a la familia real española, y también por que… ¡oigan! Es unirse a la famiglia y encontrar trabajo como no sé qué. Ustedes me dirán qué méritos tiene un jugador de balonmano o una periodista más que yo para encontrar trabajo o un “puesto vitalicio”. El carácter de los apósitos reales me ha ayudado también a cambiar de opinión (y hablo con conocimiento de causa). Otros temas que me han hecho virar en mi opinión son ciertos negocios y apoyos reales, que prefiero no calificar, pero que todos sabemos.
Pero ayudan también los actos y pensamientos de nuestro monarca y su sucesor. La gota que colma el vaso son las declaraciones que leo en internet alabando a ZP como un hombre honesto, etcétera, etcétera. Don Juan Carlos siempre ha tenido querencia hacia gobiernos de izquierdas; Aznar no le caía bien, no sé por qué, quizás por que le ha hecho sombra. En esa querencia, Don Juan Carlos no sé por qué actúa, pero es claro que los jacobinos siempre quieren la república, y eso confronta con la figura de Don Juan Carlos. ¿O no, majestad?
Me gustaría tomar las declaraciones de nuestro amado monarca de forma jocosa, como es norma en los borbones. Son así, despreocupados e ingenuos, en ocasiones algo tontos. Recuerdo la anécdota de Alfonso XII cuando regresaba a Madrid y se acercó a algunas personas que le vitoreaban, y para agradecérselo, y estas dijeron “¡Más gritábamos cuando echamos a la puta de tu madre!”. Pero en este gesto de Don Juan Carlos hay una mezcla de entre ingenuidad y despreocupación. Está algo viejo, y, pensará, lo que quede, que se lo coman los demás, especialmente su hijo. Personalmente, me produce entre rabia y pena y dolor que nuestro monarca ande de cachondeíto con estas cosas y no se preocupe de lo principal: defender a España, que se nos hunde. Para eso le pagamos todos los españoles. Solo para eso.

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