Alaska, o la madurez que nunca termina

Alguna vez he hablado aquí de mi época de adolescente en Huelva. Recuerdo que, cuando era joven, había un local en el centro de Huelva (el “Comercial”) que era un club privado, pero que se alquilaba las noches de los fines de semana para organizar fiestas, en plan discoteca. Era la primera mitad de los 80 y, he de reconocerlo, mi juventud. Recuerdo que estuve en tratos de alquilarlo junto a otra persona, pero fue al final, cuando el declive comenzaba, y no veíamos bien la rentabilidad del follón en que nos metíamos.

Recuerdo muchas canciones de aquella época. Pero las que se bailaban en aquellos jolgorios, con especial fruición, eran las de Alaska (o el grupo en el que ella estaba integrada… ¿Dinarama?). Recuerdo que cuando sonaba “¿A quién le importa?”, o también “¿Cómo pudiste hacerme eso a mi?” la locura se instalaba en nuestros cuerpos adolescentes y danzábamos como cosacos. La orgía del descoloce corporal (y de otras cosas, por cierto).

Luego perdí su pista, entre otras cosas porque emigré a Madrid a estudiar en la Universidad, y los ambientes en los que metí eran muy diferentes. Y también porque, como soy permeable en términos de música, andaban en candelero los nuevos trabajos de Sting, Talk Talk, etcétera, que yo oía. Oí por aquél entonces lo de “Hagamos algo superficial y vulgar”… Pero le perdí la pista.

Hace poco, hace unos años, volví a encontrarme con ella, y con su nuevo grupo. Arquitectura efímera es un buen ejemplo de mi reencuentro con el pasado, con Alaska, y un reencuentro gustoso. Me gustan varias canciones del álbum pero, especialmente, “Interior de una nave espacial abandonada”, donde veo retratadas a muchas personas; a veces a mi. Me gusta hasta el CD que sacaron extraordinario, con … ¡Una canción con Camela! ¡¡Qué sorpresa!! Y, además, buena.

La continuación… perfecta. El extraño viaje es tan perfecto que ninguna canción es desdeñable, como sí ocurre en muchos trabajos de buenos artistas, donde se meten muchos rellenos. Desde “Criticar por criticar” hasta la canción que me sorprendió la primera vez que oí el álbum “Estés donde estés”… Aunque luego me siguieron gustando canciones como “A fuerza de vivir” y “Si lo sabe Dios que se entere todo el mundo”.

Alaska, terminó la movia y has madurado. Pero esa madurez no termina. Y que no termine nunca.

 

~ por gerenton en 22 Abril 2008.

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