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Leo en internet que al señor Juan Manuel Fernández Montoya, conocido como “Farruquito”, no dormirá más en la cárcel porque Instituciones Penitenciarias le concede que, mediante una pulsera, sea controlado y se sepa en cada momento dónde está. De hecho, el señor Juan Manuel Fernández Montoya, hoy, se subirá a un escenario y presentará su espectáculo “Puro”.
El señor Fernández Montoya fue condenado a tres años de cárcel, amén de una indemnización a su viuda, por atropellar a Benjamín Olalla y no parar a socorrerlo. El señor Benjamín Olalla iba cruzando por la calle cuando un coche, conducido por el señor Fernández Montoya, le atropelló y lo dejó morir.
Imagino que Instituciones Penitenciarias tiene potestad para hacer lo que hace. Imagino que así es. Pero entiendo que Farruquito fue condenado por dos delitos, y debe cumplir su pena. También entiendo que el juez, cuando le condenó, le condenó a la cárcel y no a ir, pegado a una pulsera, por donde quiera dentro de España. Entiendo que, por tanto, debería estar en la cárcel. Imagino, insisto, que Instituciones Penitenciarias tiene potestad para hacer lo que hace pero, entonces, ¿para qué están los juicios y los jueces?
Mienten los que dicen que la cárcel es para la reinserción de los criminales. Mienten como bellagos. El fin primero, y último, de la cárcel es cumplir una pena por cometer un delito. Esto no se debe olvidar. Vele que se pueda estudiar en la cárcel, que se pueda trabajar y que sea remunerado. Pero, ante todo, hay que cumplir la pena; hay que satisfacer una deuda con la sociedad. Porque, aunque se nos olvida, Benjamín Olalla no puede ponerse una pulsera. Instituciones Penitenciarias lo debería saber.
Zapatero se derrite, se licúa, como el resto de los socialistas, hablando de las diferencias entre derecha e izquierda, entre progresistas y conservadores. Se licúa como se licúan José “El Ineto” y el resto de dirigentes y prohombres socialistas. Y pretenden, además, que nos licuemos nosotros y que se nos haga la boca agua solo de pensar que, en época de crisis, Zapatero y sus gobiernos se preocuparán de nosotros.
Interesante. Este discurso ya lo he visto en otros sitios. Y así les va. Por ejemplo, Argentina. En Argentina siempre existe la conciencia de que, pase lo que pase, “Papá estado” irá y tomará a sus hijos y súbditos bajo su manto, protegiéndole con una red de seguridad. Desde los tiempos de Perón, así ha sido. Y el resultado es claro: un país que, antes de la Segunda Guerra Mundial era una de las economías más prósperas del mundo (podría estar perfectamente dentro del Grupo de los 7 o G-7, y muy seguramente en posiciones de cabeza), se convirtió en un país pobre, de pícaros, donde el sobrevivir por encima del otro es la clave, donde lo clave es estar por encima de otros. Un país rico se ha convertido en un país de pícaros, y que me disculpen los argentinos.
En España tenemos un gran ejemplo: Andalucía y Extremadura. ¿Cuál es el crecimiento de estas regiones comparativamente con las otras? Están en los mismos puestos que estaban hace quince años. Ese es el resultado de la política del PER, de la politica de subsidios, de favores políticos y de conchabeos. ¿Cuál es el progreso real de estas regiones? Ninguno, pero existe un claro denominación común: el PSOE pervive en el poder. Lo cual es explicable desde el punto de vista de lo anterior: favores, conchabeos, subsidios, totum contentum, atisbos de corrupción…
La verdadera política social consiste en hacer crecer en renta a los españoles. La verdadera política social consiste en crear riqueza para España. La verdadera política social estriba en realizar las acciones necesarias para que el país crezca económicamente y, en términos de crisis, proporciona herramientas a los españoles para que ellos mismos mejoren la economía. Esa es la política social. Que alguien me diga en qué falló el PP en política social en los ocho años de gobierno. Porque, realmente, hizo la política social verdadera: el crecimiento económico.
Eso es lo que realmente debía licuar a los españoles. No deberíamos querer otro Perón.
He dicho siempre que no creo en la justicia en España. Y lo mantendré: hay jueces buenos y jueces malos, pero cuando la justicia está politizada entonces tenemos un problema. Y cuando la política la dirigen los medios de comunicación el problema es mayor.
Curiosamente me he topado con una grata sorpresa: el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha condenado a España por no ser imparcial en el juicio que el Tribunal Supremo realizó (y por el que condenó) a el juez Don Javier Gómez de Liaño. La sentencia, curiosamente, ha sido por unanimidad y, aunque la condena es pequeña y no se restituye con esta los daños morales, psicológicos y pecuniarios que se ha hecho a Don Javier Gómez de Liaño, la condena simplemente dice que el juicio no fue imparcial.
Resulta indignante que tengan que ser los extranjeros quienes den lecciones a los españoles (y argentinos, que también los hay), jueces y no jueces, sobre justicia. Que el tribunal no fue imparcial lo sabíamos todos, incluyendo en “todos” al Grupo Prisa, que condenó de antemano al juez por meterse en sus negocios. ¿Qué dirán ahora en tal grupo? Se atreverán a rectificar. No. Imagino que esconderán la noticia (si es que la publican) en una de sus últimas páginas, en un recuadrito. Y ya está. A otra cosa, mariposa, que vienen dobladas y, aunque hemos refinanciado la deuda, nos están quitando el pan de cada día estos cabrones de la “secta” secundados por el gobierno y los teveunos. Pues… ¡a joderse! ¡Y a aguantar carros y carretas! Ya era hora; a cada cerdo le llega su sanmartín.
Resulta que en España somos muy machitos y muy “errequeerre”. Por eso nunca rectificaremos. Pero me gustaría ver a los prisaicos de siempre tragando sapos y rectificando. Y, puestos a rectificar, habrá que rectificar en todos los ámbitos, y quitar la condición de emérito de algún que otro emigrante pensionista que devino en juez parcial y se propuso dinamitar cualquier actuación que supusiese quitar poder o dinero a los jefes vendedores de periódicos y locutores de radio. Porque cualquier acción tiene consecuencias, debe tenerlas. Y la parcialidad es un defecto que ningún juez puede tener. Así es que espero una reacción del órgano de gobierno revocando condiciones de eméritos y penando a los que actuaron mal y parcialmente. ¿Lo hará el CGPJ? No. Defenderán su corporativismo. Cual cobardes.
Postdata: Y que también rectifiquen aquellos socialistas o progresoides que echaron mierda sobre Don Javier y que pedián que no se reincorporase a la carrera judicial. Quiero verles rojos de vergüenza rectificando sus palabras necias y tragándose la bilis que crece en ellos.
Don Javier, mi más sentido homenaje desde aquí.
El presidente del Gobierno de España, el señor Zapatero, mañana celebra o quiere celebrar por todo lo alto los cien días de gobierno. Cien días al frente de un gobierno socialista al que se le han derrumbado todos los naipes, se le han caído los palos del sombrajo y vive en la confusión total y el desconcierto.
El señor Zapatero tiene mucho que celebrar. Puede celebrar, por ejemplo, que, aunque mintiendo y no haciendo nada, siga al frente del gobierno gracias a los votos de los españoles. También tiene que celebrar que ganase gracias a un atentado en el 2.004. Tiene que celebrar también que España ha ganado la Eurocopa a pesar de su gafe.
Pero nunca puede celebrar 100 días de gobierno, porque no ha hecho eso. No ha gobernado España. Sólo se ha dedicado a hacer propaganda, hablando de derechos sociales y cuestionando la palabra crisis, pero no ha gobernado. No se ha remangado para atajar la crisis. Sólo sabe llamar a un conjunto de expertos para ver cómo se combate, cuando lo que tiene que hacer es gobernar y dejarse de propaganda. Gobernar. Dejarse de chorradas. ¿Dónde están los expertos que contrató el PSOE para su programa electoral? ¿Acaso no saben hacerlo ellos? Pues con esto, también. Si no sabe de economía, si necesita más tardes, pues que las tome. Pero que gobierne. La crisis la tiene que gestionar él, no los expertos. Porque le hemos votado a él, no a los expertos. A él y a Solbes. O a Sebastián.
¿Para qué se le paga? ¿Qué tiene que celebrar Zapatero mientras los españoles tiemblan por la crisis económica? ¿Hay que celebrar que las cosas van mal? Zetapé parece que sí, que quiere celebrar. Pues que celebre. Al menos que haga algo, aunque sea celebrar.
No, no es una pregunta directa. Es una pregunta retórica. Todos sabemos, o creemos saber, donde están estos tres personajes. El Rey estará descansando en Mallorca (o por ahí, pero cerquita, imagino). ZP estará con su mujer y sus hijas, descansando, que es lo que siempre hace; porque trabajar, parece que poquito. Y Chaves, imaginando impuestos o insultando al PP.
Pero es que resulta que se cumplen los 200 años de la Batalla de Bailén. Un acontecimiento importante, que, entre otras cosas, enseñó a Europa que Napoleón no era invencible, y sus ejércitos tampoco. Un acontecimiento que, tras el levantamiento del 2 de Mayo, supone una gesta en la lucha contra la independencia en España, en la lucha contra el invasor.
En esos momentos España se levantaba contra Napoleón, contra la ocupación francesa, y apoyaba al peor rey que ha tenido España, Fernando VII, que, para colmo, es Borbón, como nuestro rey. En esos momentos España tenía un sentido único de lo que quería, de su libertad y de los valores que defendía, aunque hubiese separación entre los liberales y el sentimiento déspota del rey felón y traidor.
Y en estos momentos de celebración, ¿dónde está el Rey? Imagino que tomando el sol en cualquier sitio pero, desde luego, no está cumpliendo con el ejercicio de honra a unos españoles que se sacrificaron por su dinastía, por su tatara-tatara (o lo que sea) abuelo, y que permitieron que, por ende, él siga reinando en España. Magnífico ejercicio de hipocresía, magnífico ejercicio de indecendia, el evadir este acto que sirve para honrar a aquellos que lucharon por un rey. Imagino que eso es algo que le disgusta; no se entiende, entonces, porqué no está en Bailén.
En cuanto a ZP no hay nada que decir. Su talante de poco trabajador se une a la lucha en contra del concepto de España como nación. Así, ir a Bailén es como hacer un ejercicio de patriotismo. Y eso es lo que no quiere. No quiere ejercicios de patriotismo, sólo permite aquellos que él hace, simplemente poque no es un patriota. Es un patriota de hojalata; de latón; un patriota de boca ancha y traición larga.
¿Chaves? ¿Para qué? Simplemente con atacar al PP y dejar a Andalucía en los mismos índices de progreso de siempre, montando su chiringuito particular, le vale. Cualquier otra cosa es demasiado. Demasiada hondura intelectual y moral para alguien así.
Tenemos lo que nos merecemos. En España. En Andalucía.
El Papa Benedicto XVI está en Sidney, en la Jornada Mundial de la Juventud. Un gran evento, una fiesta para los que, como yo, somos cristianos. Ciertamente, siento envidia no de no ser considerado como joven; siento envidia de no estar en Sidney disfrutando de la fiesta.
El Papa, sea cual sea, siempre está con los cristianos y su palabra es dogma de fe. Una palabra que es esperada por los católicos y que en esta ocasión, como en ninguna, ha defraudado. El Papa ha criticado el relativismo moral en el que nos hallamos inmersos. Relativismo moral que hace que cualquier cosa sirva, cualquier cosa esté por encima de los valores que deben tener los seres humanos. Cualquier cosa se utilice como elemento de provocación, pero, sobre todo, como elemento de autoafirmación personal y de autorrealización. El Papa ha criticado esta falta de valores que, como por ejemplo en España, se nos quiere imponer, con Educación para la Ciudadanía o con otras iniciativas del gobierno que, lo que pretenden, no es atacar a la Iglesia (no se atreven, claro está, con el mundo musulmán, por ejemplo). Lo que pretenden es hacer saltar por los aires el esquema de valores occidental para garantizar su supervivencia, la de la izquierda y la de los políticos.
Francamente, me dan igual algunas iniciativas laicistas. Por ejemplo, la eliminación del crucifijo de los actos oficiales. Me dan igual siempre que se atengan a dos condiciones: que no ataquen la esfera particular de cada uno, y que respeten las tradiciones. Me explico: las tradiciones de la sociedad están imbricadas con su historia, con su cultura. Y eso no lo cambia, por decreto, un presidente laicista e idiota, ni una manada o piara de ateos que pretenden imponer su ley. No lo cambian porque, recordemos, esto ya se intentó hacer en España, y en otros sitios, con anterioridad. Y no se ha conseguido. Así es que, ¿a quién pretende engañar esta piara de engañabobos? A mi, no.
Con respecto a la esfera particular de cada uno, pues lo mismo. El Estado no puede legislar ni actuar contra mis creencias ni contra mis valores intentando imponer los suyos. No, por varias razones. Primero porque son míos, propios, y ningún estado (incluidos los socialistas o comunistas) tiene derecho a violar mi esfera particular. Segundo porque el Estado, aunque les joda a los socialistas y comunistas, es democrático en España y un cambio de gobierno supone un cambio de tendencia. ¿Tengo que cambiar de valores cada cuatro años?
El Papa también ha hablado en Sidney criticando las prácticas pederastas de los sacerdotes. ¡Faltaría más!, dirán los críticos y los ateos. Sí, quizás tengan razón, pero seguro que si no lo hace sería criticado también. El Papa (a quien alguien a quien le gustan los perritos calientes le llama el Pastor Alemán) es plenamente consciente de lo que sucede en la Iglesia y en el mundo, y de ahí su compromiso con los mismos.
El Papa es bienquerido allá donde va, porque siempre donde vaya habrá un grupo de cristianos que estén con él. Esa es la fuerza del cristianismo, por encima de otras ideologías que impulsan el relativismo moral. Y está por encima de esa piara de ateos que critican a la Iglesia católica (y no al Islam). Y está más por encima de esa manada de ateos que no comprenden que la fe es parte de uno mismo y no se puede demostrar con la ciencia.
No hay 250.000 ateos en Sidney. Ni en ningún otro sitio. No se pueden reunir tantos.
Es una lástima. Es una lástima que en el ciclismo haya tanta sospecha de dopaje, y tantos casos que se están descubriendo. Es una lástima porque desmejora, descalifica y pone bajo sospecha un deporte en el que se realiza un esfuerzo extremo, a lo largo de unas cuantas horas. Y, en ocasiones como en estas tres semanas, se disfruta en espectáculos televisivos.
Valga por delante que no estoy siguiendo el Tour de Francia en la televisión, más bien en la prensa, y solo de soslayo. Por eso mi comentario de hoy va sobre lo que leo, no sobre lo que veo. Y últimamente leo mucho sobre los casos de dopaje.
Vayamos por partes. Mi liberalismo me hace pensar que, puesto que existen sustancias dopantes y están al alcance de todos, pues que se usen libremente. Que cada uno haga lo que tenga que hacer, que se dope o no. Y allá él con sus consecuencias. Si gana, pues bien. Si no gana, pues también. Al fin y al cabo, a quien engañan, en el fondo, es a ellos mismos. Sólo pediría una cosa: si se dopan y ganan, que lo digan. Puestos a permitir todo, que se haga público cuando se benefician de sustancias dopantes y obtienen triunfos.
Pero ¡qué quieren que les diga! Como español, me repugnan ciertas actitudes. En primer lugar, las actitudes francesas. El puritanismo porque sí, el acoso y derribo de ciertas actitudes, la búsqueda de la paja en el ojo ajeno. ¿Por qué no dejan correr a Contador en el Tour? Posiblemente para que gane un francés. Pero el caso es echar la vista a otro lado, hacerse el puritano y autoflagelarse con cinturones de hebillas hirientes pregonando una pulcritud total en sus actividades. Pero, como buen pensado (¡ja!), dudo de esa pulcritud francesa. Dime de qué presumes…
Ahora bien, en el caso de los españoles, la sospecha de dopaje fue extendida por una tal Operación Puerto que fue, además, fomentada por la posterior persecución de los ciclistas por los cargos de la Administración española (¿o debo decir gobierno?). Y si no, que se lo digan a quien ocupa altos cargos relacionados con el deporte y que, además, tiene fama de gafe. Así, esta Operación Puerto, que al final ha terminado en agua de borrajas, ha servido de excusa a gente como el tal McQuaid, presidente de la Unión Ciclista Internacional, y a directores del Tour, para “eximir” de la carrera a españoles, o para culparlos de dopaje. No solo eso, el tal McQuaid ha sugerido que el dopaje está extendido en el ciclismo en España, y que no aprendemos. Gracias, señor Lissaveztky. Muchas gracias.
Pero… ¿Qué pasa? ¿Sólo hay dopaje en España? El señor McQuaid, irlandés él, acusa con fuerza. Pero yo es que lo siento, señor McQuaid. Dígame, ¿cuántos ciclistas tiene o ha tenido Irlanda en la élite (excepto Stephen Roche o Sean Kelly)? ¿Es Irlanda un país con una gran tradición de triunfos en la bicicleta? Francamente, casi no recuerdo ninguno. ¿Quizás esto es porque en Irlanda no se dopan? Permítame que me ría de alguna cosa. Y es que poner a un irlandés al frente de la Unión Ciclista Internacional es como poner a un árbitro de las Islas Vírgenes a pitar la final del Mundial de fútbol, o, mejor aún, poner a un español al frente de la Federación Internacional de Rugby. Es un disparate. ¿No? Pues dígaselo usted a los brasileños, qué pensarían del árbitro…
No me haga usted reír, señor McQuaid, con sus acusaciones. El dopaje está extendido en todo el deporte (incluso en los que mandan o gestionan organizaciones, asociaciones, etc.), y no tiene patria. Así es que usted combátalo, pero no acuse a un país en concreto. No vaya a ser que salga un irlandés dopado y la tomemos con los irlandeses. Aunque usted luego diga que fue cerveza, o whisky.
Hoy estaba en la furgoneta en La Oliva (Fuerteventura) oyendo la radio mientras iba “a un mandao”, cuando oí la última ocurrencia de “El Ineto”, es decir, Pepiño Blanco, el vicesubsuprasecretario general-particular del PSOE. Lo digo así porque no sé exactamente el puesto y qué es lo que hace, y para qué está la señorita del apellido onanistín…
Gracias a Dios (o a Pablo Iglesias, o a Marcuse, o a quien quieras los ateos), el señor Blanco ha aprendido una nueva palabra: “exógeno”. ¡Bien por el señor Blanco! Ahora solo hace falta que sepa incluirla en una frase. Se equivoca el señor Blanco en decir que el precio del petróleo es un factor exógeno. En realidad no se equivoca porque lo que quiere es distraer la atención y justificarse. El Ineto sabe perfectamente que la economía española opera en un entorno global. Y también sabe que en ese entorno global no hay factores exógenos, por que todos afectan. Aún más, en todo experimento (y la economía mundial se parece cada vez más a eso, aun experimento) incluso los factores exógenos tienden a someterse a un cierto grado de control. Así es que será mejor que El Ineto no nos confunda o no trate de confundirnos. Si el gobierno no hace nada, es porque simplemente es un inútil, y está sumido en un mar de incompetencia.
Pero lo que me hace más gracia es el atribuir a la política de Bush la culpa del alza de precios en el petróleo. El señor Blanco debe saber (lo sabe), que si el petróleo está alto no es sólo por una o dos guerras. Si el petróleo está alto es también por culpa de la especulación. Los inversores quieren un retorno alto en términos de rentabilidad, y cuando los activos que existen ahora no proporcionan tal rentabilidad (por ejemplo los activos inmobiliarios españoles), pues se refugian en otros con mayor rentabilidad. Verbigracia: oro, petróleo. Y eso es lo que pasa, además de la política de medias tintas de gobiernos como el español con regímenes como el iraní, que admite que el precio del petróleo puede subir a los 200 dólares.
Témome que a El Ineto la hacen falta algunas tardes más de conocimiento de economía que a su jefe, Zetapero. Es una lástima que, además de Derecho, tenga que hacer economía; hay algunas universidades católicas que ofrecen los dos títulos. Pero él no se detendrá en estas nimiedades. Basta con echar la culpa a Bush. ¿Que sube el petróleo? La culpa es de Bush. ¿Que el oro está caro? Es Bush y su política los que joden el mercado. ¿Que usted tiene sífiles? No se preocupe. No hay problema. La culpa es de Bush.
La suspensión de pagos (antigua, ahora se llama pomposamente “concurso de acreedores”) de Martinsa-Fadesa es una mala noticia para la economía española. No solo lo es para el sector inmobiliario, donde Martinsa-Fadesa era uno de los llamados big players; también lo es para aquellas personas de la empresa que se quedarán sin trabajo, como se ha anunciado ayer.
El concurso de acreedores (gracias, Juan Carlos, y Ángel) es un paso previo a la quiebra, pero del cual se puede salir, sobre todo cuando es voluntario (no sería la primera empresa que convoca suspensión de pagos que luego continúa su recorrido). Aquí, el juez nombra a un administrador que, junto con la propiedad de la empresa y el mayor acreedor, gestiona la empresa. Y gestionar la empresa significa gestionar los pagos y los cobros. Y para ello tiene en cuenta aspectos de gestión y, supuestamente, nunca presiones. Además, si no recuerdo mal, los bancos acreedores tienen que poner encima el dinero de los préstamos, y aceptar quitas (reducciones en su ganancia) que puede llegar al 25%.
Esto es otra noticia colateral que supone un impacto en la credibilidad. Porque obliga a los bancos a provisionar (es decir, a admitir la posible existencia de un impago) y, sobre todo, deja menos dinero en el mercado financiero para el resto de los clientes. Tiene un gran impacto en la otorgación de créditos a particulares, al haber menos dinero. Y, también, tiene un gran impacto para todas aquellas empresas promotoras, constructoras, asociadas a estos dos sectores, en lo que a su supervivencia se refiere: sé que hay algunas por el norte de España que tienen o van a tener situaciones límites.
Pero, lo más importante aún, supone un impacto claro en la credibilidad de las instituciones. ¿Quién va a invertir ahora en España? ¿Quién va a creer en la promesa dada por el gobierno español, después de haber dejado a la empresa al socaire, en la estancada, después de haber prometido otra cosa? Ya lo decían antiguamente: “Prometer, prometer, hasta meter. Y después de metido, nada de lo prometido”. De esto, aunque era en el franquismo, ZP sabe mucho.
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